viernes, 21 de noviembre de 2025

Soledades - VII




"Almost me
Almost you
Almost blue"
Elvis Costello


se me ha roto la mirada buscando en el cielo,
y no he conseguido encontrar 
todavía.

rodilla con rodilla, mirando hacia arriba,
creí ver el tiempo piadoso sonreír;
cuando las flores parecen abrir el firmamento,
el estruendo del comienzo: la vida amarilla.

pero un día, 
al mirar, desmadejado su cuerpo, 
la conciencia borrosa —no pude prever—
sus labios habían perdido todas las palabras.

y conocí lo que habita cuando no está el azul.
quedó la palabra buscando cuaderno;
nítida, 
el alma, después de tanta lluvia,
para dejarme calado, cortando el crepúsculo.    

no volví a contemplar los ojos de la tarde; 
perdido en el rojo, 
por creer que eras tú.

se me ha roto la mirada buscando en silencio,
y solo he podido encontrar casi azul.





domingo, 26 de octubre de 2025

Dar




Inocente escuchaba
madre decía: «El amor más caro es el que entrega una parte por quien lo ama».

Y sangré
como sol al caer la tarde
y ofrecí de mis sueños sus colores
pero por más que tiñe el negro no cambia.

Oh madre
una parte he perdido
te equivocabas.




domingo, 19 de octubre de 2025

Soledades - Frente al mar




Miraba el mar desde la larga costanera, 
hasta donde se pierden las últimas luces, 
acodado en la baranda. 
Metros abajo, 
sobre las rocas empotradas en la orilla, 
amigos y parejas celebraban o conversaban; 
su música variopinta se oía y se apagaba con el final de cada ola. 
Vi niñas que jugaban a que el agua las atrapa, 
y a alguna persona en aparente monólogo que, 
enfocando con su móvil 
—entre risas— 
lo que veía, narraba.    

He estado aquí tantas veces. 
He sido todo lo que miro.



viernes, 17 de octubre de 2025

Palabra o silencio







Hay cosas que suceden sin remedio, hagas lo que hagas.

Eliges silencio  
—¡pero pudiste hablar! piensas 
créeme, sería lo mismo.
Una objeción nace y no cesa por no otorgar palabras; 
dadas, seguramente, hoy renegaría su fracaso.

—¿Qué di? ¿A quién lo di? —pienso en el pasado.

Es un sueño, una ficción. 
No es broma. Lo que viviste fue real... 
para ti, pero no para la otra persona; 
y eso basta: ya es ficción.

Por eso —palabra o silencio— nada va a cambiar.




domingo, 12 de octubre de 2025

Un gran cristal


Horas hermosas las de la memoria.
En la memoria;
aquí solo arden, desandan.
Todo camino lleva los pasos contados por huellas inevitables.
Evocadas, bellas —bien pensadas, amargas.

Adentro, una dulce mirada trenza el centro de la noche
mientras recuesta su mejilla.
Voces encantan la glorieta;
nadie se esfuerza al acercarse,
más que acercarse, nos unen;
el júbilo estalla.

Y afuera, a donde siempre vuelvo
su reverso, 
o simplemente el silencio;
la nocturna palabra que da nombre a la nada.
Un mismo fuego me abriga y deflagra.

La mente es un niño que corre sin miedo a caer,
y cómo anima el corazón este juego.

Porque no soy yo, yo miro y existo.

En esta estación de grises recorro lugares que reavivan los colores;
donde el frío de la noche borra los bordes en lo alto de antiguas casas,
remiendo su arquitectura, 
en el segundo piso de la ciudad, en la blanda hondura del cielo, 
en las sonrisas.
Un semáforo en rojo detiene a la gente y el tiempo,
y en el reflejo de un gran cristal,
yo que todo lo observo,
alguien sonriendo acompaña la soledad de mi costado

una forma del amor me sostiene la mirada

y cuando el verde llega y la gente avanza,
detenido aún,
algo de mí busca un taxi, porque se ha ido
camino de un lugar que conozco
y debería olvidar.









viernes, 10 de octubre de 2025

Yo, mí, me, conmigo - Círculos





Siempre que vuelvas a pensarlo
y sientas que algo no está bien,
recuerda: no es tu culpa volver a pensarlo.
Sucede. Volverá a suceder.

Solo no olvides que alguien
ya no quiso más;
que, mirando bien,
no quiso estar ahí.
Y eso no es tu culpa.

Es como regalar una entrada
para un concierto de The Beatles:
la persona va, pero sale pronto.
Ya afuera confiesa:
—Sí, el concierto estuvo bien,
pero sabes... los baños apestan.
Apestan, sabes. ¡Apestan!

No fue la música,
ni la voz, ni todas las letras.
El baño era importante para aquel.

Así hay personas. Solo recuerda,
cuando te toque una entrada,
quiero saber, si me cuentas:
qué fue lo más importante para ti.



jueves, 9 de octubre de 2025

Cartas a quien





Si disfrutas de la poesía y la literatura, comparto esta historia que continúa en un relato epistolar —minucioso, poético, contenido— que atraviesa, conecta y prolonga el poemario «Lágrimas de Cuenca».

Un relato íntimo sobre el tiempo y la espera.

«Si en la familia decir equivale a preocupar, entre amigos a normalizar y con los mayores a trivializar, ¿dónde queda todo lo que guardamos?»












domingo, 5 de octubre de 2025

Oníricas - Sognare



Como la poesía, los sueños son el idioma arrumbado para lo no asido.
La manera simbólica de decir lo que sientes, 
que reescribe —liberándote— la estricta norma de lo real.
Isla libre y soberana, 
viaje sin aviso, permisos ni trabas,
donde a veces uno, sin más, desea quedarse.

Hoy soñé
Hoy he sido
Hoy he ido
Hoy




viernes, 3 de octubre de 2025

Oníricas - I





Llevo a mi abuela serenamente por la vereda, 
con esa calma que solo saben dar los hábitos. 
No sabía que me miraba.
Tropiezo. Me detengo un momento y ato las agujetas de mis tenis.
De pronto, se arroja al pavimento, como esperando que un vehículo la arrolle.
El coche frena.
Vuelvo a mí; la incorporo con cuidado: sollozante, con la boca entreabierta y los ojos oscuramente absortos.
—Hago daño —me dice, triste—. Ya es mucho tiempo que sigo aquí.

Despierto.

Ciertamente mi abuela nunca quiso irse de nosotros; vivió feliz.
Pero mis recuerdos están cansados de verme sufrir y buscan suicidarse.



Luces y sombras - I





En el silencio, nostalgia o anhelo.

Ayer leí de un hombre que ya había coronado su vida económica, 
centrado en lo que verdaderamente tenía: 
 —Pero, en la noche... cuando quedaba la casa vacía, siempre pensaba en... —y la nombraba. 

Puedes viajar, rodearte de amistades o beber hasta el sueño. 
Pero, como la muerte llega siempre te alcanzará el silencio,
que te recuerda: nostalgia o anhelo. 
Quién eres, lo perdido, lo que buscabas... lo que no está completo.



domingo, 28 de septiembre de 2025

Sleeping With an Open Eye

 





«Ausencia, tu idioma es el silencio»







Soledades - VI (EN)

 




i am the bass of an electric guitar
calm and faint, slow
that holds the note
and defends, steady,
its quiet sadness.

the heartbeat of a time
that’s gone
begins:
one by one it scatters memories,
spaced and deep,
the strike of the drumstick.

the singer’s voice
doesn’t try to outrun me,
and translates into words what I confess
each time this song returns.

and though there are three of us, we come together —
loss reunites us;
on this small stage
of modest light
we sing the lost things,
what time carries away...

tear,
silence of the road,
first true night;
we offer this performance to the sky
to, slowly, watch the stars dance...

and I know well.
refusing to look at joy
doesn’t make us welcome:
the shadows dissolve
they murmur; they yawn...

bright 
once was  this song,
hear the lament that remains,
music of a heart —
its firm and quiet sadness.


domingo, 21 de septiembre de 2025

Soledades - Llegabas cansada





    Cerraba los ojos dejando caer delicadamente los párpados, y sus labios parecían ceder, rendidos ante la fuerza de la gravedad. Los hombros, serenamente erguidos, recibían una mezcla de amor y firmeza, contenidos y dados gradualmente.

    —¿Te gusta?

    —Sí —decía con media sonrisa,  desvanecida en la palabra.

    Cada palma de su mano le dibujaba formas presionadas sobre su espalda, mientras su cabello caía, mecido por la cercana respiración. Tibio el tacto repasaba largos hilos imaginarios, trazando surcos entre sus cabellos, y ella sentía ir y venir el calor prendado en el paso de sus dedos.

    Al detenerse, tiempo después, ella —aún con los ojos cerrados, adivinando el halo de las manos que se alejaban con su ensueño— las tomó susurrando:

    —Un poco más, por favor —como rogando, casi vencida.

    —Toda la vida, amor.

    Y, besando su frente, él continuó.

    Perdida. Mecida en el placer callado que le daban sus manos, reposó su cuerpo, su alma y el tiempo de la habitación; sobre un sofá largo y mullido, bajo una vaga luz amarilla, sostuvo el sueño de su espíritu cansado, acunándolo bajo la fuerza de sus manos y la tibieza de su calor.




viernes, 19 de septiembre de 2025

Soledades - IV



     —Dígalo con poesía. 

     —Diría su nombre y su apellido, y al costado: «La verdad es que hay gente que es una real &%$/!!!» ¿Me entiende?  

     —Con poesía. 

     —Ehm... «Que la religión muchas veces es otra manera de encubrir la oscuridad de las personas». 

     —Poesía, señor... poesía. 
     
     —(...) (...) (...)

        «Serás recordada
         como la persona que presionó su palma sobre mi cabeza,
         manteniéndola así bajo la ola;
         para que, al final,
         desesperado,
         aprendiera a respirar bajo el agua». 

     —Hum.




I

domingo, 14 de septiembre de 2025

Soledades - V





Nulidad que vaga este signo de calma
sótano tranquilo de casa furiosa
menuda luz que ampara y ensancha
compañera vela de lámpara viajera

sobre la pared, mansa la mirada
cuando cerré el amor escrito en la libreta
su palabra roja que muda fue bella
salvaje y triste rasgaba las hojas

ciego de mirar tantas miradas
y al final los ojos caen adentro
y yo, sin saber
—a quién extrañas
y yo, si querer
—ya sin lamento

esta hora azul, larga y callada
este Dios, hacedor sin recuerdos
hace la pared, 
descansa la mirada,
cierra la voz, 
esconde el cuaderno.



viernes, 12 de septiembre de 2025

Soledades - VII






Paciencia

«Alguien elogiaba mi paciencia al explicar;
luego, resintió su ausencia 
y reculó.
Siempre encuentro la luz, aunque tenue 
y el tiempo da color a aquello que lo espera...
pero la paciencia      no es en todos la misma.

Había sembrado tanto amor, que los frutos se perdieron.
Por eso encajo música e imagen en lugar de tus manos en mi corazón.»







domingo, 7 de septiembre de 2025

Verte sonreír

          


    —¡Quiero verte sonreír, viejo! Quiero verte sonreír.

    Cómo explicar que no es algo que se encienda como el interruptor de la recámara: on y sonríes. 

    No ha sido nada fácil. Los niños juegan, al aire de la noche, la libertad de un viernes después del colegio; las parejas difuminan o extienden el calor de su amor según encuentran muchas o pocas las miradas y la brisa del mar despliega un perfume salado que toca en silencio y recuerda las barcas suspensas desde el Malecón Grau. Es el mismo parque sobre la banca de madera y el latido que impulsa la sangre es del mismo corazón, pero hay algo diferente y dormido, como un cansino dolor.

    El sismo del contiguo país austral ha provocado un leve descenso en la temperatura; el frío ingresa entre mis cortos shorts e invade mi eventual calor de hombre desabrigado. Ciertamente ingresa, pero se irá una vez que vuelva a casa, protegido por las paredes de la habitación. No podía decir eso de otro sentimiento invasivo que convivía conmigo la noche lenta y el largo día. 

    Una libertad de observar, mientras sorbo una cerveza, se apodera de mis adentros como la sal que inhalo y que libremente ingresa, o como el grito de un niño que reclama, por alegría o emoción, que le acerquen el balón: que es su turno, que le toca jugar, mover los hilos y quizá, como yo luego de su turno —moviendo el balón libremente a donde más le place—, pueda finalmente sonreír.

    —Pensé responderle, pero no venía al caso ninguna palabra. Solo nace si se siente. No buscas sonreír; solo es y nada más. 


En algún lugar del tiempo se ha perdido

Única 
espontánea 
verdadera 
La que en un espejo vi 

Bella por sincera. 

—¡Solo es una foto! —esgrimieron. 
Nunca lo entendí. 

En algún lugar del tiempo he comprendido 
Sonreír es mentir.



viernes, 5 de septiembre de 2025

Soledades - II





    Fue llevando la carta en su móvil discreto y estaba tan contenta que tenía los ojos plenos como luna llena; parecía una niña feliz con sus útiles nuevos para su primer día de colegio, aunque ya bordeaba los veintiséis.

    —¡Esta es! —le dijo. 

    La señora, que era profesora en no sé qué universidad, se afirmó los lentes y, con aire —diría— casi dramático, pasó del fruncimiento al asombro y del asombro al silencio. Cuando terminó, con un suspiro elevado, posó una palma sobre el pecho y le clavó la mirada. 

    —¿Y? —dijo ella sonriendo. 

    —Bueno, hija... no sabemos si tiene buen corazón. Pero de algo estamos seguras: sabe escribir... y bien.



domingo, 31 de agosto de 2025

La noche

   





La noche llega
para decir con las horas su silencio;
para no morir de tristeza
la infinita serenidad de sus nubes
que no hacen el amor, sino la ausencia
ocultan el firmamento.


Llega el mundo con su palabra oscura:
dice que luces y brisa
cierran todo por dentro
y abre una grieta en la estatua dura
que guarda tiempo y recuerdo.


Desnuda el mundo en la noche su silencio
por no morir de tristeza;
busca en el mar destello de alguna luz,
«la luna sola sin firmamento»
y yo, absorto en el cielo,
le trazo estrellas en mi cuaderno.


Y cuando el canto empieza
—párrafos que embargan las avenidas—
los charcos del suelo,
el cielo anega lágrimas vivas...
El mundo calma su pecho.
Y yo, descifrando el cielo, escribo
para dejar el recuerdo:
mi noche, mi cielo, mis estrellas,
para no morir de silencio.



 

viernes, 29 de agosto de 2025

Soledades - I



    Sabía cuándo, sabía cómo, sabía dónde. Y es que era tan perfecta la costumbre de su soledad que, cuando miraba esos ojos y sentía venir esa emoción olvidada discurrirle en el pecho, no se sonrió ni habló de mariposas; se ahogaba de miedo por visiones futuras de finales abruptos, presintiendo en las frases visiones que completaba en su mente antes siquiera de oírlas terminar. Y, como mercader de algún género, comparaba en una ficticia balanza aquello que sería amor con eso que ya le era perfecto. Y casi siempre, aquello salía perdiendo. 

    Llegó a pensar irremediablemente perpetuo el refugio de su soledad, porque «¿Quién habría que fuera tan...? y repasó cada adjetivo; y no le faltó ninguno para decir que alguien mejor no habría. Aunque, quizá no era cierto, porque siempre habló con Dios: oraba al inicio y al final del día. —Entonces no contaba como soledad. Pero, si era así, ¿por qué tenía tanto recelo? 

    A esa mirada a las 4 pm la esquivaba, a la sonrisa la rehuía. Y cuando se creyó terminado de curarse del todo descubrió que, incluso a lo lejos, esa voz era como canto de un ave que le invitaba a decir: «Pasemos a solas y andemos». Entonces volvió a mirarle los ojos, a notar la gracia única de su carcajada y completar las frases que le oía en cada conversación, porque había algo que le dictaba qué decir para que surgiera único e interminable ese tiempo de los dos. 

    Solo tres meses después, de tanto ir atrás para luego más acercarse, le confesó a Dios que no era otra cosa que el inicio de eso que, ya de terror, le llamaba enfermedad.

    Esa noche tomó su Biblia y al terminar el versículo del Salmo se inclinó, un poco más solemne que otras noches. 

    —He enfermado —empezó a orar. 

    Y con una lágrima confundida en su sonrisa, confesó.




domingo, 24 de agosto de 2025

Obsequios





















Te obsequié una orquídea; me dejaste tu recuerdo.    
    
Una semilla en el tiesto
agua, abono y tardes de sol.
Más no la he visto, pero juraría
se abre brillante y dulce, como fruto, la flor.    
    
Un recuerdo en el pecho    
lágrimas, silencio, la luna y yo.
Es seguro —ni imaginas—
¿Qué brota al tiempo, callado en el corazón?



viernes, 22 de agosto de 2025

Yo, mí, me, conmigo - II






     Un vacío, un espacio que increpa ahí arriba, en tu mente. Sientes.  Digamos que sientes... 
     Y, al sentirlo, buscando una razón, no encuentras las palabras. Y a lo largo de horas de lectura, oyes una canción... que encierra el humo de todas tus figuraciones. Entonces, abstraído, entiendes, porque oyes lo que sientes. 

     «Sin la música la vida sería un error.»
     —¿Quién dijo eso? —Sé que no fue por mí, pero fue por todos los que entendemos lo mismo. 

     Siento, me pierdo... luego escucho y entiendo.






domingo, 17 de agosto de 2025

Yo, mí, me, conmigo - III



                



¿qué hace una persona saliendo a tan alta hora de la noche?
con seguridad es un hambre que busca saciar.
pero... ¿y si hubiera comido, aunque austero, ya?
las tiendas ofrecen de todo; pero no todo se puede comprar.


confundida, sale de la tienda y observa la noche detenidamente:
luces, gentes, estrellas —todo se nombra en plural.
una persona sale a comprar a altas horas de la noche y comprende...
que lo que busca no se puede comprar.









viernes, 15 de agosto de 2025

miércoles, 13 de agosto de 2025

Soledades - VI






soy el bajo de una guitarra eléctrica
calmada y tenue, lenta
que sostiene la nota
y defiende, firme,
su tranquila tristeza.

el latido de un tiempo
que ha partido
comienza:
uno a uno salpica recuerdos,
espaciado y hondo, 
el golpe de la baqueta

la voz del cantante
no busca ni pretende rebasarme,
y traduce en palabras lo que yo confieso
cada vez que vuelve esta canción

y aunque somos tres, coincidimos 
perder nos reencuentra;
en este pequeño escenario
de luz que luce discreta
cantamos lo perdido
lo que el tiempo se lleva...

lágrima,
silencio del camino,
primera noche verdadera;
rendimos al cielo esta función 
para, lentas, ver danzar las estrellas...

sé bien.
no mirar la alegría 
no nos hace bienvenidos:
las sombras se diluyen
murmuran; bostezan...

aguda fue un día esta canción,
oíd el lamento que queda,
música de un corazón
su firme y tranquila tristeza.



domingo, 20 de julio de 2025

El poema

 

«Día a día la sobriedad gana terreno. Puedo sentir una enorme nada que alberga el espacio oscuro que antes hablaba por mi boca: congelando mi mirada, deteniendo mi memoria en estadios largos de conocida afectación. A menudo, la calma de esa punzada me deja el pasado de pie y a lo lejos desorientado buscando el presente y como no lo halla, se pierde; otras veces —no las mejores, no las más abundantes— me encuentra y toca la puerta porque, aunque camine lejos, distingue aun en la oscuridad del tiempo la llama nostálgica de mi corazón.

Guiado por esa tea, a veces deambulo por las redes como si fueran caminos desconocidos que luego reconozco míos porque veo en sus historias, ventanas abiertas: otras formas de la tristeza.»

 

    Sucede así. Y ahora que sin pedirlo aparecen. Una y otra persona se agrega, interesada por esto que ha sido para mí un refugio, un lugar a donde acudir pedazos que buscan decir su belleza, o lo mismo que es, observan como suyo este museo de tristezas. Vienen y deparo para algunos mi mirada y observo las lindezas que es muchas veces la lastimada expresión de algo que ya no es.

    Así, vez que puedo vez que intento escudriñar. Y entre las muchas que pudieron ser de ese día reparé en esta, esta que dejó la boca abierta de alguien que ya no quiero ser, pero que atiende apenas tocan su puerta.





«Allá por el 2021. En la foto el texto, también queda inconcluso :), cómo es el poema "El amor viene a ser el tipo de poema que queda inconcluso... para no dejar la idea inconclusa, Viene a ser ese tipo de poema, que está a punto de terminar pero nunca llega a terminar por completo.

Ahora en el 2024, pienso, que sí puede terminarse un poema, cuando deja de leerse, de profundizarse y de sentirse... ¿Puede un poema dejar de sentirse? ¿Cuándo comienza la intelectualización?»

*Sic

    Me quedo con la primera versión. Además, un poema es todos sus lectores. Y los lectores, animados a ver, a saber, a salir de 'eso', buscan... como dos que se animan a buscar cuando es legítimo el norte. Al final, los escritores —digamos, los exploradores, los insatisfechos; los que vemos que le falta otro color a las cosas, a las paredes de esa casa que bien puede ser la mirada de quien queremos— no nos cansamos de buscar.

    La tristeza, esto que me mueve a escribir, no es más que la ceniza del incendio de una gran alegría, y la reconozco así: la cosecha que terminó porque uno de los dos se cansó de sembrar.

    El problema no es el poema o la cosecha: somos nosotros. Es uno de los dos, cansado de buscar un nuevo color... una línea nueva que leer al siguiente día.



domingo, 13 de julio de 2025

Yo, mí, me, conmigo




                     No tenía
                     tuve
                     y dejé de tener

                     si tan pronto
                     como llegas te marchas
                     para qué la molestia de visitar

                     este lugar
                     hecho de echar en falta
                   este lugar
                     que siempre
                     es mi lugar




 

viernes, 11 de julio de 2025

Atado por un hilo

    Cansado de pensar, de gastar los ojos sobre cuadernos y pantallas, siento un leve alivio al detenerme. Mi cabeza percibe que es bueno, de cuando en vez, detenerse; aun así, me doy unos minutos para darle una vuelta a ese pequeño mundo que ahora reconozco mío. Leo: «soñar es olvidar» —un ciclo, científicamente comprobable. Me río de la ciencia: he soñado ya bastante. Solo diría que el tiempo es inevitable; los actos sostenidos consuman cambios: el agua al fuego solo acabará hirviendo, la ola sobre la arena reformando la ribera, tarde o temprano. Esto es así. 

    El mundo me cabe en una mirada, en unos ojos que no encuentro e imagino detrás de otra pantalla. A menudo leo el efecto de estos accidentes sobre las personas, en frases que las retratan. Advierto entonces que la soledad es otra forma del invierno: te encierra en ti mismo como abrigado contra el frío, bajo la muda protección de tu crisálida. Orondos o confundidos; solo es cuestión de tiempo para el día en que salgan. 

    Veo una banca solitaria al borde de lo que sería un mirador. Es una publicación de Instagram donde ni el horizonte marino reverberando el sol, ni el azul del cielo espléndido y lejano, pueden mitigar la ausencia con que traspasa la canción… ausencia que, a su vez, me traspasa. Alguien ha atado con un hilo de nostalgia imagen y melodía; la trama que canta se enreda en mi alma... 




    En el callado momento que entiendo ingrata la hora, recuerdo haber leído: «No es cierto que te rompen el corazón, sino que lo despiertan». El supuesto romance que nace de la pirueta de los verbos confunde mi silencio lector con el agrio tono que toma mi voz. Si la ausencia me hablara, me diría: «¿qué te parece la broma?» Y la ausencia me habla: con el silencio de mi lectura, tan parecido a la trama de aquella publicación.







viernes, 2 de mayo de 2025

Disclaimer

     

     —Un disclaimer, espera.

      Y la quedaba escuchando, siempre atento, porque era mi costumbre memorizar lo que decía por pensarlo importante, porque ella era parte de la historia que no debía ser olvidada, la historia que no debía terminar.

      —So... Ya, es que recuerdo que...

      Ella usaba disclaimer para darse la opción de agregar algo relacionado o no al tema que trataba, como abrir paréntesis o colocar dos puntos y escribir. Lo que bien podía ser una desviación, una descripción... lo que yo o tú conocemos por digresión. 

       Estos disclaimer me ocurren inesperadamente ahora, y podrían ser algo vagamente importante o impertinente hasta la futileza; pero hay una clase de estos que son hueso caro, que me corta la ilación de la paz cuando se halla en la más llana calma. Me agita pensar que es algo abrupto y que, reconociéndolo idea, solo puedo capear, mas no borrar. Porque solamente es: se presenta y punto, como una oración, como una idea que lastima, que hiere pertinaz el mismo sitio y que, aún a sabiendas de ello, vuelve a llegar. 

       Una voz dentro de mí quiere o pretende, hacerme reconocer de manera no consensuada la intervención casual, fugaz, divina del paso de alguien en mi vida y mi inclinación a escribir:

     —Pero deberías agradecer que por ella has escrito. Y bastante. Lo hacías, no así.

      A esa voz necia, irruptora e impertinente, le recuerdo que hay una gran diferencia entre el por ti y el por tu culpa; que, aunque ambos tienen igual origen geográfico e igual protagonista como acicate, se bifurcan una vez empezada la carrera.

      A ese pensamiento procaz de intención soterrada y mezquina, le aclaro, con el respeto que también acompaña a los terceros, el siguiente párrafo (porque es que... todo tiene su lugar en esta vida):

      Será recordada, sí... será recordada.

        «Serás recordada
        como la persona que presionó su palma sobre mi cabeza,
        manteniéndola así bajo la ola;
        para que al final,
        desesperado,
        aprendiera a respirar bajo agua».