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domingo, 26 de octubre de 2025

Dar




Inocente escuchaba
madre decía: «El amor más caro es el que entrega una parte por quien lo ama».

Y sangré
como sol al caer la tarde
y ofrecí de mis sueños sus colores
pero por más que tiñe el negro no cambia.

Oh madre
una parte he perdido
te equivocabas.




lunes, 17 de marzo de 2025

To the moon - III

 








«Flor es»

La segunda foto concita unidad: «lejanía y cercanía», no explora el detalle perseverante de la vida en las flores, deja entrever —sí— ese lila o rosa, quizá... tomado del mismo amor con que el sol tiñe las nubes en actitud de romance, de darle cálido romance a la luna que descansa solitaria y lejana... sobre el cielo, para que, rodeada de cariño, como flor que florece una vez al mes, sobre ese jardín inmensamente celeste, desee volver a aparecer.



 

lunes, 24 de febrero de 2025

Esperar

 




Aunque no he leído alguna respuesta escrita. Imagino la sola idea de la pregunta vagando —deambulando— en la memoria de alguien que quiere o que supo querer.

Las locuras por amor son una cesión obsequiada al otro lado de la orilla. No es para nosotros; pero nuestro corazón —emocionado— goza o disfruta en su comisión.

Dar en demasía —aunque la contemporaneidad nos augure, como dice Calamaro: «mi vida fuimos a volar, con un solo paracaídas...»— nos ofrece la libertad de la lágrima genuina o de la sonrisa verdadera. Dar incondicionalmente enseña a amar. Al contrario, no hacerlo, deja el puro y agrio sabor del arrepentimiento, que vuelve como regurgitado de cuando en vez las escenas del día nos señalan recuerdos.

En la vastedad del cero de las respuestas, que son imaginaciones o memorias no escritas, pienso en las muchas cosas que a través del tiempo he oído. Desaforadas unas, quizá imposibles otras, pero ninguna común, porque para un corazón enamorado todo tiene alto valor:

—Los que pasaron una noche entera donde no esperaban.

—Los de las serenatas.

—Los que dijeron la mentira más increíble que no pensaron decir para pasar ese día compartido

—Los que regresaron enamoradamente, por perdonar.

—Los que viajaron motivados por el solitario y blanco verbo creer.

Hay muchos motivos que alegran el corazón por el claro horizonte que vislumbran: para que el amor continúe. Y la historia, no es ajena, recoge menciones imborrables que demanda notarlas:

—Famoso es el emperador musulmán que mandó construir, en la hoy India, el Taj Mahal; al perder su amada. La belleza de la construcción ha quedado para la posteridad, nombrada como «una lágrima en la mejilla del tiempo».

—O, el de un rey que, por amor a una mujer divorciada —impedimento religioso para la corona inglesa al ansiar consumar segundas nupcias (casarse)—, renuncia a su corona, al trono... a su linaje.

Todo... y lo que sabes que yo no sé tiene un alto valor entre las razones que responden mi pregunta: ¿Cuál fue la más grande locura que hiciste por amor?

Algunas se realizan después del amor, otras para que éste continúe. Pero todas, en nombre de lo que uno siente.

Siempre he pensado —y quizá compartas lo mismo que yo— que el amor más genuino es el primero: el que desconoce el cataclismo de los finales: el de la adolescencia, el primero. El que, sin preguntar, te arrastra... o, ciertamente, te hace volar. El tiempo ha pasado, y considero que hay uno más fuerte todavía: el que eliges, el que dictaminas «será» por propia voluntad. Cuando, al conocer a alguien —vistos los atributos y los defectos (y todo lo que piensas para valorar)—, eliges y empiezas a bregar. La rotura de este... creo que inclusive suena o resuena en uno... como si una gran ola golpeara, con su estruendo, el pacífico tiempo de la playa que creímos solaz. Ese amor.

Por uno así salí del país, convencido, cumpliendo una promesa compartida. Y, más tarde, cuando la borrasca detonó en una petición que se tradujo en «guardémonos el corazón dos meses...», mi respuesta —indigna de la adultez: pueril e ilusa, ciega y enamorada— me hizo esperar. Dos meses en los que construí la poesía más transparente que me nació del corazón.

La locura más grande que hice por amor fue esperar. Un solo verbo reflejado en todo lo que supe: esperar. Esperar.



martes, 18 de febrero de 2025

LC, V - Lágrimas de Cuenca (al Viento)

 






Pacífico Viento,

al pie del barranco,

que a la ola del mar paseas,

como hierba que ondea en el campo,

me ha traído tu paz, sobre esta banca de muda madera,

acunando mis ojos cerrados,

a preguntarme: ¿a quién, solitario, recuerdan,

tus ojos de otoño engastados?

Y un colibrí que revuela

ha trinado: «Cuenca», han dicho sus labios.

 

«Cuenca,

¿a dónde ha ido…

el naranja rojizo de tus tejados,

lienzo que vi del cielo,

con su marco de valle verdecido,

bajo un azul de sol apostado

que a sus ríos pincela de fiesta…?

 

Cuando la puesta nace,

su viento cifra el fermento

de una cárdena tarde,

que al áureo sol el Ande duerme

como moneda entre los valles,

y pinta de estrellas la lenta noche

y enciende en azul sus catedrales…


A la noche,

cuando canta la glorieta,

su gente acude a festejarle;

diciembre de luminoso romance,

del Calderón a sus callejas,

de sus callejas a su valle;

regálame otra vez tu lluvia buena

por la que el pastor ora para el río,

que cuando empieza, canta y resuena,

que es chispa de amor bendecido.

 

[...]








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LC, Parte III

 






La memoria y las emociones están tan enraizadas que es difícil entender la espiral que generan los recuerdos. Acendrar, un remolino, una interminable composición de imágenes refulgentes conectadas por palabras... la duda aplicada a esta... [..]    



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LC, La mitad de lo que siento

 







Que nada le aflija,

que olvide el “te quiero”,

que ausente la magia de amor un momento;

que sueñe en la cama

y no lo haga despierto,

que bese y no sienta el amor en sus besos;

que olvidar sea un deporte,

que mentir sea correcto,

que aligere la carga de todo sentimiento;

que use la razón,

que sea amor por defecto,

que el abrazo y el beso sean dos partes de un juego.

 

Que el catorce sea trece,

que no exista febrero,

que al llegar ese día haga fiesta en mi duelo;

que al amor sienta el frío

como un cubo de hielo,

que el suspiro sea tos que le enferma a momentos;

que no digas “no puedo”,

que me digas “te entiendo”,

que mañana de pronto ya no sigas latiendo,

yo que intento arreglarte,

pero nunca estás quieto.

¿Ves? tristeza es a amor como fin a comienzo.











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LC, Parte II





Los puntos suspensivos es un signo que interrumpe una idea, porque se sabe qué continúa, o porque la deja inconclusa, quizá una acción. Me encantan, a veces los cuentos terminan con puntos suspensivos, incluso cuando el punto es final. En la vida, en la vida de las relaciones [...] 




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viernes, 14 de febrero de 2025

Todos los fuegos el fuego

«El fuego, si no se controla, devora; si se domestica, calienta. El mismo que quema bosques y cuece pan, el que ilumina noches y reduce a cenizas. Así es la tristeza: un incendio que arrasa o una llama que templa.»


Anduve paseando los ojos sobre todo lo que había en esa red social —texto tras texto, imagen tras imagen— percibiendo la sensibilidad de quienes buscan en sus fotografías la belleza de los atardeceres, de los que encuentran compañía capturando las fases de la Luna, y pensando en las palabras de quienes el día les había dejado una duda que traducían en cotidiana poesía o en cuestionadora pregunta. De pronto, advertí algo más parecido a una llamada de auxilio que otro escrito nacido de la contemplación:
 

«Me siento tan recaída, abandonada y dolida hasta la madre. No busco lástima, solo trato de encontrar sentido a la crueldad de alguien que decía amarme y me destruyó de esa manera»

 
Hay ocasiones cuando el corazón agita su latido, como al ver una escena violenta en donde el accidentado mana sangre roja y espesa que invade lento la piel, empapa la ropa y acaba tocando el suelo; no a todos les sucede igual, algunos observan de lejos paralizados, otros se acercan a ayudar, aunque con un latir inquieto. Jamás hubiera sido un buen médico; pero las heridas del alma me inquietan de otra manera.
 
Las palabras, desplazadas en la pequeña pantalla de mi celular, me trajeron una resonancia honda y aciaga, que no me gusta repetir, pero que, entendida hasta su punto final me da fuerza y me impulsa. La tristeza que deja un amor roto es un idioma que todos hemos hablado alguna vez, aunque cada uno lo pronuncie con distinto acento. Entonces escribí:
 

«Roto en algún momento, pensé que la tristeza era solo de mi propiedad. Y viendo amarteladas las parejas, hallaba injusticia en la balanza del destino que valora con poco a quien tanto da.

En los estadios de la vida, no es la tristeza sino uno más, uno que pule y conmina, que endereza y edifica; así, la lágrima que con su sal hiende la indefensa mejilla, es la misma que limpia la mirada para distinguir más allá del cuerpo y del alma a quien nos ha de acompañar.»


Para el que siente el alma perdida, sangrando la herida, la noche larga y la cama enemiga... Para el que no ha podido parar de andar, para quien le acude sin llamarlo el brillo de una lágrima, que trae consigo el momento donde se quiebra la voluntad.

Que sepas que es así, que sepas que es a todos. Que hay quienes, como niño que no comprende el funcionamiento de un juguete, desarman con torpeza el amor que se les entrega. Que hay quienes hábilmente encienden del amor la llama, y que nunca pensaron en realmente aprovecharla.

Que la malicia, la irresponsabilidad o la duda... no tienen género, que el tiempo desviste las grandes mentiras, que no todos están preparados para entender o para dar amor. Pero que, a la vuelta de la esquina, disipado el humo, reformulada la consigna, con la imagen pintada nuevamente de bríos, la mirada más clara y de sonrisa ahora vestida... hay buen viento si sabes cuál es tu norte.

Que sepas que no estás solo(a), que estuvimos casi todos ahí: «sintiendo como el final, lo que solo es un tramo en el recorrido.» Que la tristeza siempre es la misma, aunque para la misma batalla, haya distintos caminos. Que el fuego que hoy te consume, mañana te calentará.
Que sepas que estoy contigo. Y que, con ella, la que hace llorar, yo hice esto. ¿y Tú?


«Todos los fuegos el fuego. Todas las tristezas la tristeza.»

 

domingo, 29 de diciembre de 2024

Lágrimas de Cuenca, VIII - Escribiré

 
























[...]

 





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Lágrimas de Cuenca, VII - El ser que vivo

 
























El ser que vivo, distante está de mí,

como felino cautivo, atrapado entre rejas;

desde mi sueño roto yo lo miro,

sin poder escapar, tan inútil su fuerza.


 [...]




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sábado, 28 de diciembre de 2024

Lágrimas de Cuenca, VI - La banca

 























Esperé sobre una banca

un milagro de octubre,

que acabara apagando

mi cigarro encendido;

esperé, confundido,

como el que vive esperando

un verano que llegue al invierno que cunde.

 

[...]




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Lágrimas de Cuenca, V - Lágrimas de Cuenca (al Viento)

























Pacífico Viento,

al pie del barranco,

que a la ola del mar paseas,

como hierba que ondea en el campo,

me ha traído tu paz, sobre esta banca de muda madera,

acunando mis ojos cerrados,

a preguntarme: ¿a quién, solitario, recuerdan,

tus ojos de otoño engastados?

Y un colibrí que revuela

ha trinado: «Cuenca», han dicho sus labios.

 

«Cuenca,

¿a dónde ha ido…

el naranja rojizo de tus tejados,

lienzo que vi del cielo,

con su marco de valle verdecido,

bajo un azul de sol apostado

que a sus ríos pincela de fiesta…?

 

Cuando la puesta nace,

su viento cifra el fermento

de una cárdena tarde,

que al áureo sol el Ande duerme

como moneda entre los valles,

y pinta de estrellas la lenta noche

y enciende en azul sus catedrales…


A la noche,

cuando canta la glorieta,

su gente acude a festejarle;

diciembre de luminoso romance,

del Calderón a sus callejas,

de sus callejas a su valle;

regálame otra vez tu lluvia buena

por la que el pastor ora para el río,

que cuando empieza, canta y resuena,

que es chispa de amor bendecido.

 

Viento, Cuenca es lo que veo;

su recuerdo, lo que siento:

 

Una noche,

de lluvia inopinada,

entrelazando su mano,

salimos, por ventura, a buscar de tu frescor,

y la lluvia que empezaba

convirtióse en aguacero,

y buscando guarecernos

un alero nos halló.


Bajo él,

con la noche constelada,

y empapado todo al paso,

aún tomados de la mano, una emoción se dibujó;

su mirada, su sonrisa,

la música de prisa convertida en carcajada,

nos abrigó del frío,

nos abrigó de amor...

y bailamos como niños,

que no saben del tiempo,

que no saben de miradas

que no dicen que no;

sonriéndole a la gente que miraba nuestro verso,

nuestro verso que era beso,

que era amor, que era verdad.

Frente al Parque de la Madre todo el tiempo se quedó,

mi corazón y mi recuerdo,

mi buen amor, mi buena amada...

 

[...]







 


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viernes, 27 de diciembre de 2024

Lágrimas de Cuenca, IV - Yugo desigual
























[...]



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Lágrimas de Cuenca, III - Tristeza
























Tristeza, dulce pedazo de mí,

en el camino me encuentras,

dama solitaria que fuma,

pareja que ilusionada besa.

¿A dónde voy para huir de ti

si todo al verlo me atraviesa?

Dibujas mi pasado con tanta ternura

que renaces de la voluta primera.

 

[...]





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sábado, 21 de diciembre de 2024

Lágrimas de Cuenca, Nostalgia

 























A veces [...]





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Lágrimas de Cuenca, Niebla

 























[...]




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Lágrimas de Cuenca, Dehiscencias V

 























El presto para todo y para todos sibilino,

encontrábase callado cuando en mi alma sobrevino

un agudo torbellino intermitente de mi piel,

que anegó en azul mi alma con un barco de papel.

 

Construyó mi ser innato, absurdamente repentino,

en una tarde de nostalgia, desazón y desatino;

y temiendo definir el triste anhelo que hay en él,

abrigó su corazón tomando el nombre de Masiel.





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