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domingo, 31 de agosto de 2025

La noche

   





La noche llega
para decir con las horas su silencio;
para no morir de tristeza
la infinita serenidad de sus nubes
que no hacen el amor, sino la ausencia
ocultan el firmamento.


Llega el mundo con su palabra oscura:
dice que luces y brisa
cierran todo por dentro
y abre una grieta en la estatua dura
que guarda tiempo y recuerdo.


Desnuda el mundo en la noche su silencio
por no morir de tristeza;
busca en el mar destello de alguna luz,
«la luna sola sin firmamento»
y yo, absorto en el cielo,
le trazo estrellas en mi cuaderno.


Y cuando el canto empieza
—párrafos que embargan las avenidas—
los charcos del suelo,
el cielo anega lágrimas vivas...
El mundo calma su pecho.
Y yo, descifrando el cielo, escribo
para dejar el recuerdo:
mi noche, mi cielo, mis estrellas,
para no morir de silencio.



 

lunes, 17 de marzo de 2025

To the moon - III

 








«Flor es»

La segunda foto concita unidad: «lejanía y cercanía», no explora el detalle perseverante de la vida en las flores, deja entrever —sí— ese lila o rosa, quizá... tomado del mismo amor con que el sol tiñe las nubes en actitud de romance, de darle cálido romance a la luna que descansa solitaria y lejana... sobre el cielo, para que, rodeada de cariño, como flor que florece una vez al mes, sobre ese jardín inmensamente celeste, desee volver a aparecer.



 

viernes, 21 de febrero de 2025

To the moon - II

 








—La primera es astral.

    La segunda irreal.

    La tercera cósmica.

    La cuarta onírica.

Aunque... la última foto... hay que hacer algo con ella, con ese azul...

—¿Qué harías?

«...meditar la unidad de su composición, la soledad de la silueta y el, casi signo, la luna. Sin contar los arbustos que matizan... diría que son tres soledades reconciliadas en la cámara.»








To the moon - I



«Qué delicadeza de foto. Diría que un modernista japonés pintó el cuadro en la salita de su pequeña casa tradicional —lento el trazo, descalzado y de cuclillas—, a la luz de la puerta corrediza hacia un jardín de cerezos, cuyo aroma lejano —como su niñez— le figuraba la pequeña luna que pinta para recordarla.»

viernes, 3 de enero de 2025

La mirada vertical





Escondida, detrás de un intenso velo nuboso y errante, te muestras fugaz e intermitente, en una noche donde las preocupaciones terrenales consumen las horas. Inadvertida y casi accesoria frente a las luces de la ciudad, tal vez eres una pálida moneda que pagan todas las soledades; sin embargo, a quien empeñadamente consigue encontrarte, devuelves a cambio tu compañía, quizá fatigada ya de alumbrar, Luna.

Apenas sobre el nivel del mar, en la llanura de la costa limeña, la plenitud veraniega de este lugar no propicia que tu presencia sea constante. Y aún cuando, por minutos, sabes ser del cielo la única luz verdadera de la noche, los más del lugar viven la ocurrencia de un sábado, exigiendo a sus horas el crédito de vivirlos minuto a minuto. Hay esquinas de rostros con ansia de madrugada, buscando la alegría de la noche en botellas de licor; niños entregando su última energía del día jugando dentro de la glorieta del parque, donde alguna persona, discurriendo en silencio, pasa los minutos, mecida lentamente sobre un columpio de madera.

Gente que pasa, gente que vuelve, que sigue el ritmo de la fresca noche camino a casa o a alguna casa de este lugar, con miradas horizontales entregadas a la luz de las farolas.

En este lugar, de menuda hierba y bancas de cemento, se extravía mi mirada al cielo, que constante, ha venido a buscarte minutos y horas, cada día, en actitud de contemplarte, sabiendo que, antes que termine el año, te despides una de estas noches y que hay tanto que no he podido compartir.

Ya no cuestiono más la ternura que veo en los amores, no disfruto ni reniego al observar. Me impresiona sí, la belleza de las parejas añosas que han sabido agregar el tiempo a la expresión de su amor, tan distinto de la romántica flama en los besos que nacen para lo apasionadamente fugaz…

Me pregunto, esculcando la cerrada oscuridad del cielo, si merecen mis ojos tu compañía; si en este paso de la noche, allá atrás de las nubes, luminosamente solitaria, has declarado que no deseas ser mirada. Te busco, con una constancia casi enamorada y, pudiendo al fin verte, encendida y plena, habiendo escalado más alto que las nubes, mis ojos te escriben esta romántica paciencia que no ha cesado hasta encontrarte, para que mi letra por fin pueda describir tu cariñosa presencia, tu esperada compañía.

Me pregunto.
¿Merecen mis ojos tu presencia?
¿Deseas mi mirada?
Te busco.
Mis ojos te escriben mi paciencia,
mi letra describe tu compañía.






























Finalmente, estrellado. XD