Eliges silencio —¡pero pudiste hablar! piensas
Una objeción nace y no cesa por no otorgar palabras;
—¿Qué di? ¿A quién lo di? —pienso en el pasado.
Por eso —palabra o silencio— nada va a cambiar.
—Dígalo con poesía.
—Diría su nombre y su apellido, y al costado: «La verdad es que hay gente que es una real &%$/!!!» ¿Me entiende?
—Con poesía.
—Ehm... «Que la religión muchas veces es otra manera de encubrir la oscuridad de las personas».

Era la sétima llamada. Marcia decía que tenía que ir y yo solo quería otro momento más a solas. La oficina, el trabajo, el supuesto horario de verano —que es en realidad un saludo a la bandera— me desborda día a día, pero no me puede (llevar) un viernes.
He vuelto donde estaba a ver qué encuentro a esta hora. El coche está detenido detrás y el viento parece decirme quédate otro rato más y espera para mostrarte algo importante.
Marcia de nuevo y no quiero contestar, solo unas fotos más, qué espere.
Ayer vine deseando encontrar en la tarde algo que siento que he perdido, escabullido dentro de mí. Juraría que cada foto me descubre una pregunta y con suerte, una respuesta. Miraba el horizonte y cuando encontraba el momento adecuado para definir con mis ojos lo que tengo atestado en silencio el ring de la oficina y otra urgencia me trajo a rastras.
«Creo que mucha gente lleva dentro, apretada y vagamente oscurecida, esa pintura que ofrece este cielo: un casi vórtice lateral y denso —como (empujado) por el viento— que presiona el espacio en el perímetro de lo que abarca la mirada. Lo que podría ser únicamente el horizonte (—una línea que separa la quietud del suelo de la inmensidad celeste, salpicada por un impar colectivo blanco-negruzco—) confluye en tantos motivos atrapados en quien mira, que traduce el cielo en algo que guarda vagando en el silencio opresor de la soledad.»