Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de octubre de 2025

Oníricas - Sognare



Como la poesía, los sueños son el idioma arrumbado para lo no asido.
La manera simbólica de decir lo que sientes, 
que reescribe —liberándote— la estricta norma de lo real.
Isla libre y soberana, 
viaje sin aviso, permisos ni trabas,
donde a veces uno, sin más, desea quedarse.

Hoy soñé
Hoy he sido
Hoy he ido
Hoy




viernes, 19 de septiembre de 2025

Soledades - IV



     —Dígalo con poesía. 

     —Diría su nombre y su apellido, y al costado: «La verdad es que hay gente que es una real &%$/!!!» ¿Me entiende?  

     —Con poesía. 

     —Ehm... «Que la religión muchas veces es otra manera de encubrir la oscuridad de las personas». 

     —Poesía, señor... poesía. 
     
     —(...) (...) (...)

        «Serás recordada
         como la persona que presionó su palma sobre mi cabeza,
         manteniéndola así bajo la ola;
         para que, al final,
         desesperado,
         aprendiera a respirar bajo el agua». 

     —Hum.




I

viernes, 21 de marzo de 2025

Poesía, de carne y hueso




La gripe es tal que trastorna a veces. Diría que es tanta... que podría calificarla como un nuevo tipo de ebriedad.

Entre el interminable cosquilleo nasal, la voz cava propia de la congestión y una leve agitación que conmina al pensamiento... olvido qué se celebra hoy.

En las calles también se ha olvidado. La sensación de inseguridad concita la atención de un país y es el motivo de una marcha que inicia en la Plaza San Martín. La corrupción por el dinero enferma a la sociedad como este necio virus a mi cuerpo. Solamente que en las avenidas de «mi centro histórico» no se marcha contra la inseguridad ciudadana, sino contra otros asaltantes extorsivos aún más duros que siempre regresan por más.

En mi memoria, ya confundida en ese lapso de ensueño que embota mi mente y la enajena de realidad, resbalo con imágenes posteadas que colindan con esta fecha.

«Un 21 de marzo celebraba solo en mi instagram este día, sin más. En tímido video que observaba tan solo una persona y que elogiaba en único comentario: «Mi poeta».

Repaso y miro: mi descuidada cuenta de Instagram tiene solo recuerdos archivados.

A veces me viene una gana ubérrima de gritar preguntando: ¿por qué paraste todo?

Lo peor de todo es que lo sé, pero alguien dentro de mí quiere saber otra respuesta, un punto seguido de razones que confiesan, otra forma de la verdad que no existe.»

Mis shorts cambian de color oscureciéndose a partes. Pero las lágrimas que lo manchan al caer no son mías, ni de alguna congoja extraviada que acabo de encontrar, no. Es la gripe tozuda que recala en mi mirada y anega mis ojos. Estas cosas pasan. Estas cosas pasan cuando uno se enferma, los ojos delatan mucho antes que otras partes del cuerpo la enfermedad.

La gripe, el dinero... los recuerdos. Enfermo, hace tiempo que estoy enfermo. Solo que ahora me viene una gana ubérrima de sentirme bien y me encuentro con tu rostro.

«Pudiste haberme dicho ya no, ya no más. No esperes. No hace falta que esperes dos meses. Y lo hubiera entendido, y hoy mi memoria estuviera en paz. Pero te fuiste sin decirlo y desapareciste para que yo mismo complete la historia.»

Si no fuera por la poesía quizá no estaría aquí detrás de la computadora con esta gripe que asola, viendo la sociedad derruirse de inseguridad, con esta vieja gana ubérrima de explicaciones.

Si no fuera por ese concurso donde pelé mi pellejo en palabras atestadas de mi carne y de mi hueso. El que era poeta, al que mirabas sonreír ya sin fruncir el ceño, no estaría aquí.

A veces me viene una gana ubérrima de gritar, pero en silencio. Porque he aprendido a escribir para llorar lo que siento. Aunque no sea así esta vez... porque es la gripe que se parece tanto a los recuerdos, que inunda mis ojos y me limpia lo colmado que andaba mi pecho.

Feliz día de la Poesía, para «Mi poeta», para su silencio que vaga en el cielo, que pinta de viejas ilusiones no concluidas los colores diezmados que despiden los sueños.







  

     

miércoles, 12 de marzo de 2025

Moby Dick: Primeras palabras


Moby Dick de Herman Melville —libro grande y gran libro—, me empuja a decir que el que escribe revela en sus primeras hojas tener a un poeta en la narrativa; y en ella, una cercana o mundana, pero cuando conviene, elevada comparación. De la «filosófica caída de la espada de Catón» al «pacíficamente embarcarse», del «sustituto del suicidio» a «la otra manera de combatir la melancolía»: el porqué de una aventura (a la mar / o el mar como pulsión) se hila, explicada desde variada altura: una aventura identificable para cualquiera.

A veces, sencillamente, también yo, en el mudo riel de la tristeza —bullentes los apremios del tráfago del día, cuando hondo el parásito de la melancolía—. solo advierto una salida: ir al mar. Verlo. Y, quizás, en su sonido experimentar la voz de una aventura, de la promesa de otra aventura por venir; en el rigor que aplasta la arena, como a la tristeza de mi pecho, la ola que forma la orilla mueve o endereza mi centro.

La bella narración, que es poesía, va camino de otro punto final, y me recuerda ese viejo adagio que tan cierto encuentro: «el arte no tiene tiempo». 

Que, salvo luminosas excepciones —y varias quizás—, casi siempre que vuelvo a un clásico, me convenzo de esto: que lo más bonito, que lo más importante... ¡vamos!, que lo mejor ya está escrito.

Y que debes renunciar a creer que la palabra moderno, moda, o… tendencia, son guías cimeras para saber, para aprender, para dotar. 

El arte no tiene tiempo: Moby Dick lo refrenda. En dos capítulos, dos maneras de embalsamar el cuerpo de la narración con los aceites propios de la poesía.

Una parte, al final de su segundo capítulo, así lo muestra:

[... «Por lo que respeta a este borrascoso Euroclydon —dice un escritor antiguo, en libro cuya única copia existente poseo yo—, supone muy considerable diferencia el que se le observa desde una ventana de cristales, donde la escarcha queda toda al exterior, o desde otro sin marco, en cuyo caso la escarcha se expande a ambos lados. En esta última ventana la única vidriera es a condenada muerte».

«Verdaderamente», pensaba yo mientras este párrafo me venía a la mente, «que no te falta razón, viejo amigo». Sí, esos ojos son ventanas y este mi cuerpo es la casa. ¡Qué lástima que no acudan a tapar las grietas y rajas y pongan un poco de lino aquí y allí! Pero ahora ya es tarde para acometer mejoras. ¡Qué hermosa noche helada! ¡Cómo brilla Orión! ¡Y al norte, qué luces! ¡Hablémosles de sus veranos orientales, regiones de eternos invernaderos! Dadme el privilegio de crearme mi propio verano con mi propio carbón.]



miércoles, 26 de febrero de 2025

After noon - «Días del sol»



No tan temprano,
desayuno lo que encuentro en la mesa y una taza de café;
luego ordeno la cama,
y, a veces, tomo el celular solamente para reír.
Pero no es suficiente.

Hago algo de deporte,
y el espejo me asegura que ya soy yo
—o, quizá, que lo aparento mejor—.
La ducha refresca el cuerpo y el espíritu;
meriendo austero lo que veo,
y satisfecho agradezco...
Pero, no es suficiente.

Entonces salgo de casa
y camino unos minutos hacia el malecón,
por la vera de la gente, hacia lo alto, junto del acantilado;
el horizonte revela al sol, coronando el azul del cielo
sobre la eterna paciencia de las olas, ponerse;
y diezmando sus colores,
parece,
que Dios entrega a la distraída platea otro lento atardecer.

Algo del mundo ingresó por las miradas
y se ha prendado, acariciando de modo incierto, mi corazón;
sonrío en silencio entre la multitud presente
y, pienso sentado, ya sin esfuerzo
que me descubro inmerso dentro del cuadro de la poesía de Dios,
donde no importan los porqués,
porque si soy presente,
entonces ya es suficiente...
ya es suficiente.

viernes, 21 de febrero de 2025

Después

 








To the moon - II

 








—La primera es astral.

    La segunda irreal.

    La tercera cósmica.

    La cuarta onírica.

Aunque... la última foto... hay que hacer algo con ella, con ese azul...

—¿Qué harías?

«...meditar la unidad de su composición, la soledad de la silueta y el, casi signo, la luna. Sin contar los arbustos que matizan... diría que son tres soledades reconciliadas en la cámara.»








To the moon - I



«Qué delicadeza de foto. Diría que un modernista japonés pintó el cuadro en la salita de su pequeña casa tradicional —lento el trazo, descalzado y de cuclillas—, a la luz de la puerta corrediza hacia un jardín de cerezos, cuyo aroma lejano —como su niñez— le figuraba la pequeña luna que pinta para recordarla.»

martes, 18 de febrero de 2025

LC, V - Lágrimas de Cuenca (al Viento)

 






Pacífico Viento,

al pie del barranco,

que a la ola del mar paseas,

como hierba que ondea en el campo,

me ha traído tu paz, sobre esta banca de muda madera,

acunando mis ojos cerrados,

a preguntarme: ¿a quién, solitario, recuerdan,

tus ojos de otoño engastados?

Y un colibrí que revuela

ha trinado: «Cuenca», han dicho sus labios.

 

«Cuenca,

¿a dónde ha ido…

el naranja rojizo de tus tejados,

lienzo que vi del cielo,

con su marco de valle verdecido,

bajo un azul de sol apostado

que a sus ríos pincela de fiesta…?

 

Cuando la puesta nace,

su viento cifra el fermento

de una cárdena tarde,

que al áureo sol el Ande duerme

como moneda entre los valles,

y pinta de estrellas la lenta noche

y enciende en azul sus catedrales…


A la noche,

cuando canta la glorieta,

su gente acude a festejarle;

diciembre de luminoso romance,

del Calderón a sus callejas,

de sus callejas a su valle;

regálame otra vez tu lluvia buena

por la que el pastor ora para el río,

que cuando empieza, canta y resuena,

que es chispa de amor bendecido.

 

[...]








Arma o refugio, Lágrimas de Cuenca disponible en Amazon. 


Amazon Kindle: Lágrimas de Cuenca


LC, Parte III

 






La memoria y las emociones están tan enraizadas que es difícil entender la espiral que generan los recuerdos. Acendrar, un remolino, una interminable composición de imágenes refulgentes conectadas por palabras... la duda aplicada a esta... [..]    



Arma o refugio, Lágrimas de Cuenca disponible en Amazon. 

 



LC, La mitad de lo que siento

 







Que nada le aflija,

que olvide el “te quiero”,

que ausente la magia de amor un momento;

que sueñe en la cama

y no lo haga despierto,

que bese y no sienta el amor en sus besos;

que olvidar sea un deporte,

que mentir sea correcto,

que aligere la carga de todo sentimiento;

que use la razón,

que sea amor por defecto,

que el abrazo y el beso sean dos partes de un juego.

 

Que el catorce sea trece,

que no exista febrero,

que al llegar ese día haga fiesta en mi duelo;

que al amor sienta el frío

como un cubo de hielo,

que el suspiro sea tos que le enferma a momentos;

que no digas “no puedo”,

que me digas “te entiendo”,

que mañana de pronto ya no sigas latiendo,

yo que intento arreglarte,

pero nunca estás quieto.

¿Ves? tristeza es a amor como fin a comienzo.











Arma o refugio, Lágrimas de Cuenca disponible en Amazon. 

 




LC, Parte II





Los puntos suspensivos es un signo que interrumpe una idea, porque se sabe qué continúa, o porque la deja inconclusa, quizá una acción. Me encantan, a veces los cuentos terminan con puntos suspensivos, incluso cuando el punto es final. En la vida, en la vida de las relaciones [...] 




Arma o refugio, Lágrimas de Cuenca disponible en Amazon. 

 

Amazon Kindle: Lágrimas de Cuenca 



 

LC, Me apagas y me enciendes

 




De alguna manera,

que no sabes, ni entiendes,

mi corazón coopera

y me apagas y me enciendes.

Yo sé bien que no lo intentas,

sólo sonríes y te alegras,

mientras en mí algo se detiene.

Soy culpable.

 

Te miro y me sujetas,

el tiempo dura eternamente,

y cuando más quiero te alejas,

y me apagas y me enciendes.

Es triste ver el cielo así,

cayendo poco a poco me parece

que no pudiéndome decir

resuelve hacer de gotas preces.

 

Tú sonríe y mira siempre,

pon la luz entre la gente,

yo haré de mí un efecto error

y de este sueño un sueño inerte,

pues la tristeza no es tristeza,

es mi corazón que no comprende,

que, de intentar ya tantas veces,

ni se apaga, ni se enciende.








Arma o refugio, Lágrimas de Cuenca disponible en Amazon. 

 





LC, Parte I






Cuando pude —ya que le escribía constantemente y guardaba en mi libreta nuestro diario compartir— aprovechaba breves lapsos de tiempo y, entre mi trabajo y todo lo dicho, anotaba una idea, una frase renuente en mi memoria o una pareja de palabras que, de no hacerlo, solo se iría de mí. Esto sería el tronco con el que formaría un precioso mueble que soñaba entregar como obsequio inmarcesible… y que no pudo ser. [...]




Arma o refugio, Lágrimas de Cuenca disponible en Amazon. 

 

Amazon Kindle: Lágrimas de Cuenca 


 

LC, Índice










Arma o refugio, Lágrimas de Cuenca disponible en Amazon.

 








 

 

 


LC, ...

 





Poemario desafortunado, que 
planeaba hacer, completar y obsequiar;
 teje las memorias que compartí, que
compartía... [...]



Arma o refugio, Lágrimas de Cuenca disponible en Amazon. Encuéntralo, léelo, sumérgete en él.

LC, «La belleza está en los ojos… la poesía, en la voz»

 





Finalmente, la voz —tanto por su entonación como por el modo de emplearla— hace de un párrafo algo que se ha grabado profundamente en la memoria o algo que no se entendió del todo. Un poema puede ser precioso o rico en profundidad, pero, leído de cierta manera, carece de alguna de sus tantas bellezas: la sonoridad y la aprehensión que este detenta.

Leer es un verbo libre; se realiza como uno más placer siente. Sin embargo, [...]





Arma o refugio, Lágrimas de Cuenca disponible en Amazon.

 






LC, Prólogo

 





Cuenca es una ciudad de Ecuador en la provincia de Azuay, a unos 2500 metros sobre el nivel del mar. Oficialmente se llama Santa Ana de los Ríos de Cuenca, y como su nombre «explícito» indica, es una cuenca: un valle rodeado por cuatro ríos que le dan un contorno verde tan intenso como al de una hoja que acaba de nacer. El centro histórico está habitado por casas de variada forma y tamaño, las más, en armonía con la naturaleza que las rodea llevan el color terracota en sus amplios y largos tejados, que cuando llueve toman ese tono naranja rojizo, que, por ser tan vivo ante mis ojos, creo que nunca olvidaré. La lluvia es muy importante y marca en parte el ritmo de los días, cuando es abundante paraliza la cotidiana vida de su gente, entonces salir a correr o ir a pasear al Parque de la Madre es una idea pensada solamente detrás de las ventanas, otras personas deciden salir con paraguas inclinados por la belleza de observar el lugar bajo el brillo de la lluvia. Cuando escampa y, al contrario, el cielo se ausenta de tocar el suelo durante mucho tiempo, en las Casas de Dios oran por su pronto retorno, porque sus ríos beben de la lluvia de ese cielo y Cuenca vive bebiendo del frescor de sus ríos. El sol, muy temprano, después de una noche de pleno aguacero, aparece con un brillo que azula el contorno de las lejanas montañas y limpia el cielo con sus haces amarillos, bordando con cada nube el sereno celeste del firmamento; cantan las aves escondidas detrás de las ramas, respirando la vida que comienza para darle encuentro, empezando en simultáneo color y sonido, el tiempo se hace franca poesía, naciendo del silencio, y sucede todo lento, tan naturalmente lento. Entonces, estás de pie tras la ventana de la terraza de una casa alta, acompañado por alguien o tal vez en soledad, y admiras algo tan simple en el curso de una vida, como puede ser contemplar la mañana.

Cuenca es el lugar al que fui [...] 



Arma o refugio, Lágrimas de Cuenca disponible en Amazon.

 



Para eso no sirve

 





«Para eso no sirve»

Es una frase que nunca olvidaré. La dice Melquíades a José Arcadio en Cien años de soledad, cuando este último, en lugar de ver en la lupa un objeto para ampliar la imagen, descubre en ella un arma: bajo el sol, la lente no solo amplifica, también quema, incendia.

Este poemario no sería lo que es si el tiempo hubiera tomado otro rumbo. Como el sol a la lupa, el destino le otorgó una condición que no preví, una que jamás imaginé y que, de haberla visto antes, quizá también habría desechado con un «para eso no sirve». Pero no fue así. Y hoy, convertido en algo que no busqué, Lágrimas de Cuenca es lo que es: tal vez un refugio, tal vez un arma, tal vez ambas cosas. 
Un refugio de la soledad, un arma contra ella.  
Las lágrimas, involuntarias y empujadas por la abundancia del corazón, sellan y disuelven las grietas de lo que se soñó, de lo que no fue, de lo que ya no será… y de todo lo que queda.


«Poemario desafortunado, que planeaba hacer,
completar y obsequiar; teje las memorias que
compartí, que compartía... del inicio, el albor,
las vicisitudes y el triste final de una relación
que esperaba como agua de mayo. Lienzo 
pintado con emociones de la mirada íntima 
de una persona que conoció el amor.» 



Arma o refugio, Lágrimas de Cuenca disponible en Amazon.

 

Amazon Kindle: Lágrimas de Cuenca
 

viernes, 7 de febrero de 2025

La Po(br)esía



Creo que fue aquella noche cuando escuché lo terrible de su voz en casa de Aldo; convertida en alguien que no era, poseída por la decisión inapelable de colocar un tránsito solitario e inexplicable entre la vida de ambos, contra el paso de los hitos marcados a promesas; acallando los acordes que pretendían construir, eterna, una canción compartida, se me preguntaba indolentemente: «¿Acaso no puedes estar solo? ¿Es que todo tiene que ser para la relación?» Como conclusión de solicitarme ese tramo llamado... dos meses.

Ese día, algo se desmayó sobre un hoyo y fue cubierto por tierra. Y entre las incontables grietas que me dejó su voz esa noche, abriéndose paso, sobre todo, y dejando salir por mi boca el dolor cansado de gotearme tristezas, él —mi amigo, oyente quizá innecesario, irrepetiblemente estoico, de toda palabra confundida en la vaguedad de su sala de estar— oyó con tanta atención... que su oído me abrazó, y su abrazo sostuvo fuerte las quebradas columnas de mi corazón.

Esa noche, camino a casa, horas después de salir de la suya, empezaba a conocer la soledad. Y veía de indeterminado sepia el triste asfalto junto de la muerta acera. Lentos los pasos y ya estaba frente al vano de mi casa; eché una última mirada hacia atrás a la calle, antes de que el quejido de los goznes de la puerta principal me encerrara entre su óxido y su tiempo, y pasé, finalmente pasé, engullido por lo que debía llamar hogar. «Fue no querer entrar a otro mundo y tener que hacerlo». Arriba, en mi alcoba, luego de arrastrar las suelas peldaños... de los kilómetros de la escalera, vi fragmentos de una persona frente al espejo con unos ojos solitariamente perdidos y sin amor.

Fue cuando el delicado cuadro de una vida cayó al piso, dejando un reguero, en un sonido de íntimo estruendo, diseminado durante minutos y horas. Y no fue hasta que un concurso de poesía pusiera en orden el oscuro caos de esa impuesta soledad: accesos de tristeza, desesperada incomprensión, muda lágrima conociendo el ruido de tocar el, alguna vez, tan lejano suelo.

En esa habitación de enorme televisor y libreros llenos de coloridas historias, de ventana con vista a la pared y ventilador en el techo, en ese reducido espacio, tibio en invierno y sofocante en verano —ahora más cárcel que alcoba, aunque útil para el reposo de una vida que auscultaba el honesto pulso de su corazón— allí, acodado sobre la frazada —que arrastraba aún el invierno—, sentado sobre una pequeña banca a centímetros del suelo, con inopinado y seco golpe de agitación —a veces luna y a veces estrella—, se hizo del ordinario lugar... etéreo cautiverio de inspiración.

Mar y cielo, tierra y firmamento. Luna nueva, llena y menguante, ases del cielo con recuerdos... tiritando como luces halladas por miradas perdidas en lo alto de la líquida noche de mis ojos, que cedían a la claridad después de tanta lluvia.

Conocí entonces ese alado estado a que te lleva la tristeza cuando ancla en la mar de una vida. Ese estado cuando la melancolía nos ahoga en sensibilidad y vemos, con vulnerable pasión, el balance de los días, el rigor de los hechos, el pulso en derredor; cuando la tarde se nos asoma subiendo las escaleras y abre la puerta de nuestra alcoba... porque es lenta la vida en los ojos fatigados de mirar, ese estado de completa indefensión que purifica el dolor con la sal de las lágrimas; a ese, le llamé pobresía. A ese tiempo, que me domó en la callada habitación haciéndola bóveda de mis estrellas y mar de mi tempestad, y a Barranco, escenario del sismo de mis pasos perdidos en el tránsito de la noche lenta y triste.

La pobresía, la pobre poesía, la que surgió de las zanjas abiertas de cada pulso de mi amor, que, entre mis lágrimas, brotaba como antiguo chorrillo calmando el dolor de mi corazón.