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viernes, 11 de julio de 2025

Atado por un hilo

    Cansado de pensar, de gastar los ojos sobre cuadernos y pantallas, siento un leve alivio al detenerme. Mi cabeza percibe que es bueno, de cuando en vez, detenerse; aun así, me doy unos minutos para darle una vuelta a ese pequeño mundo que ahora reconozco mío. Leo: «soñar es olvidar» —un ciclo, científicamente comprobable. Me río de la ciencia: he soñado ya bastante. Solo diría que el tiempo es inevitable; los actos sostenidos consuman cambios: el agua al fuego solo acabará hirviendo, la ola sobre la arena reformando la ribera, tarde o temprano. Esto es así. 

    El mundo me cabe en una mirada, en unos ojos que no encuentro e imagino detrás de otra pantalla. A menudo leo el efecto de estos accidentes sobre las personas, en frases que las retratan. Advierto entonces que la soledad es otra forma del invierno: te encierra en ti mismo como abrigado contra el frío, bajo la muda protección de tu crisálida. Orondos o confundidos; solo es cuestión de tiempo para el día en que salgan. 

    Veo una banca solitaria al borde de lo que sería un mirador. Es una publicación de Instagram donde ni el horizonte marino reverberando el sol, ni el azul del cielo espléndido y lejano, pueden mitigar la ausencia con que traspasa la canción… ausencia que, a su vez, me traspasa. Alguien ha atado con un hilo de nostalgia imagen y melodía; la trama que canta se enreda en mi alma... 




    En el callado momento que entiendo ingrata la hora, recuerdo haber leído: «No es cierto que te rompen el corazón, sino que lo despiertan». El supuesto romance que nace de la pirueta de los verbos confunde mi silencio lector con el agrio tono que toma mi voz. Si la ausencia me hablara, me diría: «¿qué te parece la broma?» Y la ausencia me habla: con el silencio de mi lectura, tan parecido a la trama de aquella publicación.







viernes, 3 de enero de 2025

La mirada vertical





Escondida, detrás de un intenso velo nuboso y errante, te muestras fugaz e intermitente, en una noche donde las preocupaciones terrenales consumen las horas. Inadvertida y casi accesoria frente a las luces de la ciudad, tal vez eres una pálida moneda que pagan todas las soledades; sin embargo, a quien empeñadamente consigue encontrarte, devuelves a cambio tu compañía, quizá fatigada ya de alumbrar, Luna.

Apenas sobre el nivel del mar, en la llanura de la costa limeña, la plenitud veraniega de este lugar no propicia que tu presencia sea constante. Y aún cuando, por minutos, sabes ser del cielo la única luz verdadera de la noche, los más del lugar viven la ocurrencia de un sábado, exigiendo a sus horas el crédito de vivirlos minuto a minuto. Hay esquinas de rostros con ansia de madrugada, buscando la alegría de la noche en botellas de licor; niños entregando su última energía del día jugando dentro de la glorieta del parque, donde alguna persona, discurriendo en silencio, pasa los minutos, mecida lentamente sobre un columpio de madera.

Gente que pasa, gente que vuelve, que sigue el ritmo de la fresca noche camino a casa o a alguna casa de este lugar, con miradas horizontales entregadas a la luz de las farolas.

En este lugar, de menuda hierba y bancas de cemento, se extravía mi mirada al cielo, que constante, ha venido a buscarte minutos y horas, cada día, en actitud de contemplarte, sabiendo que, antes que termine el año, te despides una de estas noches y que hay tanto que no he podido compartir.

Ya no cuestiono más la ternura que veo en los amores, no disfruto ni reniego al observar. Me impresiona sí, la belleza de las parejas añosas que han sabido agregar el tiempo a la expresión de su amor, tan distinto de la romántica flama en los besos que nacen para lo apasionadamente fugaz…

Me pregunto, esculcando la cerrada oscuridad del cielo, si merecen mis ojos tu compañía; si en este paso de la noche, allá atrás de las nubes, luminosamente solitaria, has declarado que no deseas ser mirada. Te busco, con una constancia casi enamorada y, pudiendo al fin verte, encendida y plena, habiendo escalado más alto que las nubes, mis ojos te escriben esta romántica paciencia que no ha cesado hasta encontrarte, para que mi letra por fin pueda describir tu cariñosa presencia, tu esperada compañía.

Me pregunto.
¿Merecen mis ojos tu presencia?
¿Deseas mi mirada?
Te busco.
Mis ojos te escriben mi paciencia,
mi letra describe tu compañía.






























Finalmente, estrellado. XD