Nulidad que vaga este signo de calma
sótano tranquilo de casa furiosa
menuda luz que ampara y ensancha
compañera vela de lámpara viajera
sobre la pared, mansa la mirada
cuando cerré el amor escrito en la libreta
su palabra roja que muda fue bella
salvaje y triste rasgaba las hojas
ciego de mirar tantas miradas
y al final los ojos caen adentro
y yo, sin saber
—a quién extrañas
y yo, si querer
—ya sin lamento
esta hora azul, larga y callada
este Dios, hacedor sin recuerdos
hace la pared,
descansa la mirada,
cierra la voz,
esconde el cuaderno.
