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domingo, 12 de octubre de 2025

Un gran cristal


Horas hermosas las de la memoria.
En la memoria;
aquí solo arden, desandan.
Todo camino lleva los pasos contados por huellas inevitables.
Evocadas, bellas —bien pensadas, amargas.

Adentro, una dulce mirada trenza el centro de la noche
mientras recuesta su mejilla.
Voces encantan la glorieta;
nadie se esfuerza al acercarse,
más que acercarse, nos unen;
el júbilo estalla.

Y afuera, a donde siempre vuelvo
su reverso, 
o simplemente el silencio;
la nocturna palabra que da nombre a la nada.
Un mismo fuego me abriga y deflagra.

La mente es un niño que corre sin miedo a caer,
y cómo anima el corazón este juego.

Porque no soy yo, yo miro y existo.

En esta estación de grises recorro lugares que reavivan los colores;
donde el frío de la noche borra los bordes en lo alto de antiguas casas,
remiendo su arquitectura, 
en el segundo piso de la ciudad, en la blanda hondura del cielo, 
en las sonrisas.
Un semáforo en rojo detiene a la gente y el tiempo,
y en el reflejo de un gran cristal,
yo que todo lo observo,
alguien sonriendo acompaña la soledad de mi costado

una forma del amor me sostiene la mirada

y cuando el verde llega y la gente avanza,
detenido aún,
algo de mí busca un taxi, porque se ha ido
camino de un lugar que conozco
y debería olvidar.









domingo, 21 de septiembre de 2025

Soledades - Llegabas cansada





    Cerraba los ojos dejando caer delicadamente los párpados, y sus labios parecían ceder, rendidos ante la fuerza de la gravedad. Los hombros, serenamente erguidos, recibían una mezcla de amor y firmeza, contenidos y dados gradualmente.

    —¿Te gusta?

    —Sí —decía con media sonrisa,  desvanecida en la palabra.

    Cada palma de su mano le dibujaba formas presionadas sobre su espalda, mientras su cabello caía, mecido por la cercana respiración. Tibio el tacto repasaba largos hilos imaginarios, trazando surcos entre sus cabellos, y ella sentía ir y venir el calor prendado en el paso de sus dedos.

    Al detenerse, tiempo después, ella —aún con los ojos cerrados, adivinando el halo de las manos que se alejaban con su ensueño— las tomó susurrando:

    —Un poco más, por favor —como rogando, casi vencida.

    —Toda la vida, amor.

    Y, besando su frente, él continuó.

    Perdida. Mecida en el placer callado que le daban sus manos, reposó su cuerpo, su alma y el tiempo de la habitación; sobre un sofá largo y mullido, bajo una vaga luz amarilla, sostuvo el sueño de su espíritu cansado, acunándolo bajo la fuerza de sus manos y la tibieza de su calor.




viernes, 19 de septiembre de 2025

Soledades - IV



     —Dígalo con poesía. 

     —Diría su nombre y su apellido, y al costado: «La verdad es que hay gente que es una real &%$/!!!» ¿Me entiende?  

     —Con poesía. 

     —Ehm... «Que la religión muchas veces es otra manera de encubrir la oscuridad de las personas». 

     —Poesía, señor... poesía. 
     
     —(...) (...) (...)

        «Serás recordada
         como la persona que presionó su palma sobre mi cabeza,
         manteniéndola así bajo la ola;
         para que, al final,
         desesperado,
         aprendiera a respirar bajo el agua». 

     —Hum.




I

domingo, 24 de agosto de 2025

Obsequios





















Te obsequié una orquídea; me dejaste tu recuerdo.    
    
Una semilla en el tiesto
agua, abono y tardes de sol.
Más no la he visto, pero juraría
se abre brillante y dulce, como fruto, la flor.    
    
Un recuerdo en el pecho    
lágrimas, silencio, la luna y yo.
Es seguro —ni imaginas—
¿Qué brota al tiempo, callado en el corazón?



viernes, 15 de agosto de 2025

domingo, 13 de julio de 2025

Yo, mí, me, conmigo




                     No tenía
                     tuve
                     y dejé de tener

                     si tan pronto
                     como llegas te marchas
                     para qué la molestia de visitar

                     este lugar
                     hecho de echar en falta
                   este lugar
                     que siempre
                     es mi lugar




 

martes, 31 de diciembre de 2024

Lágrimas de Cuenca, XXI - Relectura

 
























Con cuántas cartas resumí el paso de ese tiempo,

vida vagando en silencio, que deja estela entre las nubes;

cuando quiero pensar que he vuelto a sentir los días azules,

leo, veo y quiero ocasos… y los comparo a esas luces.

 

Mis ojos contemplan la vida que guarda el secreto de esas hojas,

nota dormida de tiempo esperando quieta quien la toca,

y en la calma que impone el silencio, solitaria se despoja

de mudos disfraces de verbo que la ausencia nos provoca.

 

[...]




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Lágrimas de Cuenca, XX - Tiempo

 























Tiempo,

doloroso elemento;

que bruno pinta lo que detalla mi mirada.

[...]




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lunes, 30 de diciembre de 2024

Lágrimas de Cuenca, XIX - Oportunidad

 

























Resbalo,

caigo,

quedo observo;

miro

oscuro

arriba

temo,

sobrevuelo;

[...]





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Lágrimas de Cuenca, X al XVIII - Versos

 























XIII – Verso 4

Escalé peldaño a peldaño mi fuero,

montaña interminable de preguntas cimeras,

y en lo alto las estrellas alumbraban el cielo

que mis ojos estancos, aprenden, divisan.

 

Entendió mi razón

que al esfuerzo no hay valla que permita sentimientos,

que por cada emoción

hay un firmamento de conciencias que explican.

He bajado agitado,

asustado de ver cuán alto mi fuero,

con dolores de espanto,

de amores de sueños, que al bajar se terminan.

 

 

 


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domingo, 29 de diciembre de 2024

Lágrimas de Cuenca, IX - Matrimonio

 























Yo soy palabra, un verbo que resume lo que digo.

Tú eres imagen, el color vivo que ilumina la mirada.

 

[...]




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Lágrimas de Cuenca, VIII - Escribiré

 
























[...]

 





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Lágrimas de Cuenca, VII - El ser que vivo

 
























El ser que vivo, distante está de mí,

como felino cautivo, atrapado entre rejas;

desde mi sueño roto yo lo miro,

sin poder escapar, tan inútil su fuerza.


 [...]




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sábado, 28 de diciembre de 2024

Lágrimas de Cuenca, VI - La banca

 























Esperé sobre una banca

un milagro de octubre,

que acabara apagando

mi cigarro encendido;

esperé, confundido,

como el que vive esperando

un verano que llegue al invierno que cunde.

 

[...]




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Lágrimas de Cuenca, V - Lágrimas de Cuenca (al Viento)

























Pacífico Viento,

al pie del barranco,

que a la ola del mar paseas,

como hierba que ondea en el campo,

me ha traído tu paz, sobre esta banca de muda madera,

acunando mis ojos cerrados,

a preguntarme: ¿a quién, solitario, recuerdan,

tus ojos de otoño engastados?

Y un colibrí que revuela

ha trinado: «Cuenca», han dicho sus labios.

 

«Cuenca,

¿a dónde ha ido…

el naranja rojizo de tus tejados,

lienzo que vi del cielo,

con su marco de valle verdecido,

bajo un azul de sol apostado

que a sus ríos pincela de fiesta…?

 

Cuando la puesta nace,

su viento cifra el fermento

de una cárdena tarde,

que al áureo sol el Ande duerme

como moneda entre los valles,

y pinta de estrellas la lenta noche

y enciende en azul sus catedrales…


A la noche,

cuando canta la glorieta,

su gente acude a festejarle;

diciembre de luminoso romance,

del Calderón a sus callejas,

de sus callejas a su valle;

regálame otra vez tu lluvia buena

por la que el pastor ora para el río,

que cuando empieza, canta y resuena,

que es chispa de amor bendecido.

 

Viento, Cuenca es lo que veo;

su recuerdo, lo que siento:

 

Una noche,

de lluvia inopinada,

entrelazando su mano,

salimos, por ventura, a buscar de tu frescor,

y la lluvia que empezaba

convirtióse en aguacero,

y buscando guarecernos

un alero nos halló.


Bajo él,

con la noche constelada,

y empapado todo al paso,

aún tomados de la mano, una emoción se dibujó;

su mirada, su sonrisa,

la música de prisa convertida en carcajada,

nos abrigó del frío,

nos abrigó de amor...

y bailamos como niños,

que no saben del tiempo,

que no saben de miradas

que no dicen que no;

sonriéndole a la gente que miraba nuestro verso,

nuestro verso que era beso,

que era amor, que era verdad.

Frente al Parque de la Madre todo el tiempo se quedó,

mi corazón y mi recuerdo,

mi buen amor, mi buena amada...

 

[...]







 


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domingo, 22 de diciembre de 2024

Lágrimas de Cuenca, II - Te olvido/Confía

 























Oré por el socorro de tu mirada amante,

cuando la oscuridad era nuestro único testigo,

[...]



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Lágrimas de Cuenca, I - Confía/Te olvido







































Como aquí, anhelaban mis ríos la lluvia de una estación,

que llegó, llenando mi corazón de tu nombre y tus sonrisas.

[...]



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