Entre el interminable cosquilleo nasal, la voz cava propia de la congestión y una leve agitación que conmina al pensamiento... olvido qué se celebra hoy.
En las calles también se ha olvidado. La sensación de inseguridad concita la atención de un país y es el motivo de una marcha que inicia en la Plaza San Martín. La corrupción por el dinero enferma a la sociedad como este necio virus a mi cuerpo. Solamente que en las avenidas de «mi centro histórico» no se marcha contra la inseguridad ciudadana, sino contra otros asaltantes extorsivos aún más duros que siempre regresan por más.
En mi memoria, ya confundida en ese lapso de ensueño que embota mi mente y la enajena de realidad, resbalo con imágenes posteadas que colindan con esta fecha.
«Un 21 de marzo celebraba solo en mi instagram este día, sin más. En tímido video que observaba tan solo una persona y que elogiaba en único comentario: «Mi poeta».
Repaso y miro: mi descuidada cuenta de Instagram tiene solo recuerdos archivados.
A veces me viene una gana ubérrima de gritar preguntando: ¿por qué paraste todo?
Lo peor de todo es que lo sé, pero alguien dentro de mí quiere saber otra respuesta, un punto seguido de razones que confiesan, otra forma de la verdad que no existe.»
Mis shorts cambian de color oscureciéndose a partes. Pero las lágrimas que lo manchan al caer no son mías, ni de alguna congoja extraviada que acabo de encontrar, no. Es la gripe tozuda que recala en mi mirada y anega mis ojos. Estas cosas pasan. Estas cosas pasan cuando uno se enferma, los ojos delatan mucho antes que otras partes del cuerpo la enfermedad.
La gripe, el dinero... los recuerdos. Enfermo, hace tiempo que estoy enfermo. Solo que ahora me viene una gana ubérrima de sentirme bien y me encuentro con tu rostro.
«Pudiste haberme dicho ya no, ya no más. No esperes. No hace falta que esperes dos meses. Y lo hubiera entendido, y hoy mi memoria estuviera en paz. Pero te fuiste sin decirlo y desapareciste para que yo mismo complete la historia.»
Si no fuera por la poesía quizá no estaría aquí detrás de la computadora con esta gripe que asola, viendo la sociedad derruirse de inseguridad, con esta vieja gana ubérrima de explicaciones.
Si no fuera por ese concurso donde pelé mi pellejo en palabras atestadas de mi carne y de mi hueso. El que era poeta, al que mirabas sonreír ya sin fruncir el ceño, no estaría aquí.
A veces me viene una gana ubérrima de gritar, pero en silencio. Porque he aprendido a escribir para llorar lo que siento. Aunque no sea así esta vez... porque es la gripe que se parece tanto a los recuerdos, que inunda mis ojos y me limpia lo colmado que andaba mi pecho.
Feliz día de la Poesía, para «Mi poeta», para su silencio que vaga en el cielo, que pinta de viejas ilusiones no concluidas los colores diezmados que despiden los sueños.
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