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domingo, 9 de marzo de 2025

After noon - «Cartas del cielo»




















Estaba pensando en cuánto depende la Tierra del Sol, en el equilibrio que existe, en que estamos flotando entre tanto, quizá por una extraña casualidad; que somos, en cierto modo, un momento de coincidencia; que, incluso si Dios lo hizo, esto es un largo instante en el que todo es; que orbitamos alrededor del Sol, como todos los planetas, y que, junto a ellos, estamos casi al centro de algo más grande: «una galaxia moviéndose entre un número indefinido de galaxias; que vamos a colisionar irremediablemente con la de Andrómeda; que el Sol es una estrella enana camino de apagarse... que somos casualidades». 

        —¿Te gustan mis fotos del cielo?

Solamente pienso en lo poco o mucho que he conseguido, en esta corta o larga casualidad, de estar, de sentir. Sonrío, porque Bianca mira al cielo y no hace tantas preguntas. Solo se deja llevar por lo que ve, y esa belleza intenta traducirla en sus fotografías.

        —Dime pues, ¿te gustan?   

        —A ver... están preciosas...

Las miro detenidamente, las giro, me pierdo en el azul, intento encontrar la correcta posición del sol... y, entre ver las nubes, los destellos amatistas del ocaso y la inmensidad de esos pequeños recuadros, advierto la repetida trama de ese telar de las nubes.

        —¡Dime! ¿Qué estás haciendo Gabriel? ¿Te gustan?

Y observándolas detenidamente, creo que intento leerlas. Quizá hay algo escondido, en esas formaciones que, de niño, me parecían solamente animales que cambiaban con el viento; quizá son mensajes que alguien podría desentrañarme para entender un poco más este momento, estos momentos que se han detenido en mí ya tanto tiempo.

        —Mira: el cielo parece escribir una especie de mensaje con sus nubes. Qué lindo sería saber qué dice, ¿no? «Tus fotos parecen cartas del cielo»: las nubes son la tinta que, en el inmenso tapiz celeste, a fuerza de viento y contraluz del sol se hace palabra, se hacen palabras, que nos cuentan algo, que aún no logramos entender. Sería bueno poder leer el cielo, ¿no?

        —Ay Gabriel, siempre me saca suspiros con lo que dice. ¿Entonces sí te gustaron?