«Tristeza, dulce pedazo de mí,
en el camino me encuentras,
en la dama solitaria que fuma,
en la pareja que ilusionada besa;
¿a dónde voy para huir de ti
si todo al verlo me atraviesa?
Dibujas mi pasado con tanta ternura,
que renaces de la voluta primera».
Si disfrutas de la poesía y la literatura, comparto esta historia que continúa en un relato epistolar —minucioso, poético, contenido— que atraviesa, conecta y prolonga «Lágrimas de Cuenca».
«Si en la familia decir equivale a preocupar, entre amigos a normalizar y con los mayores a trivializar, ¿dónde queda todo lo que guardamos?»
Un relato íntimo sobre el tiempo y la espera.
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