otro domingo por la tarde,
cuando el sol despide con nostalgia a los viandantes;
guardando en la mirada
las siluetas
la tenaz interrogante
cansado
de otra última ración,
de este alimento negadamente mío
de ver sin saber
por qué me fue negada la quimera
mirar la noche,
decirle que sí;
cerrar la persiana, la ventana y la puerta
dejar de regar la flor que guardaba
y verla morir
anotar en un papel
el último otoño de sus hojas
para recordar a qué huele el amor cuando termina
llover

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